La vereda la Estrella, tiene un radio de acción que baja hasta la quebrada la Cascajosa, pasando por la finca del Cabildo de Nega Çxhab donde se encuentra la Casa de Piedra e inicia la via de acceso a la Laguna de la Aurora. En este espacio de vida espiritual, nacen dos quebradas y el río el Ramo, ahí donde desemboca esta ultima afluente hídrica, se encuentra el emprendimiento de piscicultura de la familia: Pencue Pardo. Después, del río Ramo se encuentra la finca de don Henry Franco, que limita con la quebrada el Cuarto y la finca “La Estrella” propiedad de la la familia Gutierrez (Luís Gutiérrez). Luego, se pasa a la finca “Maravillas” que colinda con el río Negro del Simbola (Quebrada de las Dantas). Este nace de la parte alta de la cordillera, específicamente de una laguna muy grande que posee un espejo de agua de aproximadamente seis hectáreas.
Siguiendo el borde de la Cordillera, se encuentran la finca “El Cedro”, propiedad de Orlando Joya y el trabajadero de Sin Candela, última finca del territorio ancestral de Nega Çxhab si se hubica en zona nororiental, hasta donde termina el camino real y el acceso se limita solamente a lomo de bestia. Este sector, se llama: Sin Candela; porque hasta ese lugar llegaron algunos caminantes y se quedaron sin fuego, así que tuvieron que pasar la noche y aguantar el frio intenso de las montañas, que se encuentran cerca del nevado. Este sector, es una belleza natural que incorpora los humedales de paramo, la permanente llovizna, terrenos rocosos con largos periodos de nubosisidad y la quebrada Sin Candela. Mas haya de esta quebrada se encuentran el sector conocido como la Cuchilla, el Páramo Sin Candela y volteando por el río Saldaña con los limites del departamento del Tolima.
Con relación al nombre de la vereda, relata el mayor lucas pardo; cuando él era un niño, los mayores le contaron que a un grupo de comuneros que pasaban por estas tierras, se les hizo muy tarde para regresar. Así que, se acomodaron en un terreno bien llanito. Al recostarse para descansar miraron hacia el firmamento, ese día asombrados por la majestuosidad de un cielo muy estrellado, cada uno se propuso contar la mayor cantidad de estrellas que pudieran. Sin embargo, primero se quedaron dormidos, antes que dar una respuesta precisa. Con el pasar del tiempo y de regreso a sus hogares les preguntaron donde habían estado y muchos de estos comuneros respondieron en la estrella, en reconocimiento a este lugar donde pasaron la noche.
Como principales fuentes de desarrollo económico de los comuneros de la vereda la Estrella se encuentran: La piscicultura, la ganadería y la agricultura; especialmente, el cultivo de productos de pan coger: maíz de año, frijol cacha, la mafafa, ulluco, repollo, col, cidra, la caña de azúcar, el guineo, entre otros cultivos que se adaptan al clima frio.
Respecto a un poco de historia de la vereda, Según cuentan los mayores, durante la época de la violencia de los años cincuenta; muchos comuneros que habitaban en el cañón del simbola, tuvieron que desplazarse hasta el departamento del Tolima, en procura de salvaguardar sus vidas y proteger a sus familias. Durante, esta travesía tenían que atravesar por el Sector conocido como el cedro; llamado asi por un enorme y frondoso árbol de cedro, dicho árbol servia de refugio para los caminantes, pues debajo de sus ramas se formaba un gran salon que incluía una tulpa; allí, las personas podían descansar, escampar, tomar un poco de calor, preparar los alimentos y al día siguiente emprender de nuevo su camino. Este árbol, era tan grande, que ni la avalancha de 1994 lo pudo derribar. Sin embargo, un comunero lo destrozo, acerrandolo y sacando aproximadamente 360 bloques de madera, aun hoy en día, entre los rastrojos se observan algunas trozas como evidencias de la majestuosidad de este cedro.
La vereda San Antonio, se ubica al oriente de Belalcázar, cabecera municipal de Páez (Cauca), limita geográficamente: al oriente, con la vereda la Hondura; al sur, con las veredas el Carmen del Salado y la Hondura; al occidente con la vereda el Carmen del Salado y al norte, con las veredas Guapió y Potrero del Barro.
Cuentan los mayores que entre los años 1.610 a 1.700, la comunidad misionera franciscana que habito por el cañón del Salado; le dio por nombre a este sector en honor a su patrono: San Antonio de Padua, de ahí, se deriva el nombre de San Antonio del Salado como se conoce a esta vereda hoy en día.
Las primeras personas que fundaron la comunidad, ya se encuentran en otro espacio, orientando con su espíritu el caminar de los que aun pervivimos. Actualmente, el señor Fermín Valencia, Ana Velasco y José María Ceballos; habitantes que han vivido desde su infancia en la comunidad, son quienes cuentan cómo surgió y quienes fueron los primeros pobladores en San Antonio del Salado.
Sus primeros habitantes fueron Andrés Lucumí, Alcides Lucumí, Tomas Valencia, Pedro Lucumí, Espíritu Valencia, Camila Lucumí, Irene García, Clementina Velasco, Juan Francisco Velasco, José Velasco, Lucio Collo, Marcos Velasco, María Victoria Lucumí. Quienes, construyeron sus casas de bahareque, empleando como materiales; la guadua y el barro para levantar las paredes, y hojas de caña para cubrir los techos.
Recuerdan que el barro, fue extraído del camino que conduce hacia el boquerón, y para tal labor, se organizaban grupos de personas, que en diferentes momentos recogían la tierra, la cargaban al hombro en costales o zurrones de cuero, que luego se transportaban a lomo de bestia y cuando estos ingredientes estaban listos, procedían a mezclarlos.
Actualmente, la vereda San Antonio es una comunidad que está dividida en tres sectores; la parte alta, la parte central y la parte baja; compartiendo una característica en común, la alta densidad poblacional, que a su vez, ha impulsado la construcción del acueducto que lleva por nombre el Cauchito, aunque también se han construido los acueductos Central y el Mate Yuca; esto, para suplir el suministro de agua potable de cada una de las familias que habitan el Territorio.
La vereda Guapió fue fundada por los señores: Gregorio, Serafín y Tomas, los tres integrantes de la familia Chate. Según relatan los mayores, el nombre “Guapió” proviene del vocablo “Guapo” que hace referencia a la valentía de los comuneros del lugar, quienes lucharon durante la “Guerra de los mil días”, alzados únicamente con palos y piedras, sin el uso de armas.
La vereda de Guapió, limita geográficamente: al oriente, con las veredas: San Antonio y Potrero del Barro; al sur; con la vereda Mesa de Belalcázar y la Cabecera municipal (Belalcázar); al occidente, con la vereda El Rodeo y los Territorios Ancestrales de Tálaga y Avirama y al norte, con la vereda Calderitas.
Como hechos relevantes de su historia, se recuerdan dos momentos: el primero ocurrió en el año 1995, cuando el gobierno Nacional, ordenó la reubicación de las familias afectadas por la avalancha del 6 de junio de 1994, hacia el sector: San José de Torres, a este lugar también llegaron personas de otros lugares. Además, se construyeron: la escuela y el polideportivo, y se mejoraron las vías de acceso; en un segundo momento, algunas familias, se desplazaron fuera del departamento por causa del desastre natural, las cuales retornaron al Territorio y conformaron un caserío, arriba de Guapió, denominado Putumayo, haciendo alusión al departamento donde trataron de reconstruir sus vidas.
Según la historia contada por el extinto Elías Perdomo, quien manifestó, que cuando el libertador Simón Bolívar llega al puente de la Símbola y al anunciarse un combate con los españoles, opto por rodear el sector con una gran cantidad de tropa, y desde ese momento quedó llamado el Rodeo. Según, la señora Irma Vía q.e.p.d, contó que, al no presentarse el enfrentamiento, los nativos prepararon una fiesta en el puente de la Símbola, allí el libertador y su ejército estuvieron muy contentos, que hasta bailo con la señora Custodia Escobar. Según la tradición oral, las primeras personas que habitaron este sector fueron las familias: Valencia y Pachongo.
La Vereda El Rodeo, se encuentra en las inmediaciones de los ríos Páez y Símbola, a cinco Kilómetros de la cabecera Municipal Belalcázar, pertenece al Territorio Ancestral Nega Çxhab y se encuentra delimitada geográficamente de la siguiente manera: al oriente, con el rio Símbola y la vereda de Guapió; al sur, con las Juntas de los ríos Páez y Símbola; al occidente, con el rio Páez y el Territorio Ancestral Pil Namu We´sx (Avirama) y al norte, con la quebrada Parsiparis y la María del Territorio Ancestral de Tálaga.
Actualmente, la Vereda el Rodeo está conformada por 58 familias y una población aproximada de 150 habitantes, entre niños, jóvenes, adultos y personas de la tercera edad, que en su mayoría se identifican como indígenas y unos pocos como campesinos. Entre los pobladores, existen dos creencias religiosas; la Católica y la evangeliza “Alianza Cristiana Evangélica”. Políticamente está organizada y administrada por la junta de acción comunal y la Autoridad tradicional, cuenta con los servicios de energía, red acueducto, alcantarillado, puesto de salud, escuela, una cancha de futbol y un polideportivo.
HISTORIA DE LA EDUCACIÓN
Según la tradición oral, la educación llegó al Rodeo en 1942, a través de una escuela privada como proyecto de la comunidad protestante, en esta escuela los profesores debían ser evangélicos y sus primeros docentes fueron Gilberto Vecoche y Florentino Moreno. Razón, por la cual se presentaron conflictos religiosos con los Comuneros que profesaban la fe Católica.
Durante, la época de la violencia bipartidista quemaron la escuela que funcionaba en la capilla, así que en el año 1950 el docente abandonó la escuela y finalizó la labor educativa. Don Fidencio Perdomo recuerda un poema escrito por su padre, el señor Elías Perdomo que hace alusión a lo narrado anteriormente.
Cuarenta y cuatro años después, exactamente el 26 de julio de 1994, un mes después de la avalancha del 6 de junio, la comunidad de Calderitas se refugió en El Rodeo y se trajeron la escuela con autorización de la Secretaría de Educación municipal; la cual, comenzó a funcionar en la casa del señor Floresmiro Pachongo bajo la orientación de la Profesora Flor María Valencia Gutiérrez, ante la carencia de mobiliario, los padres de familia construyeron bancos y mesas con la madera de los árboles arrastrados por la avalancha.
Actualmente, la escuela cuenta con 26 estudiantes, dos aulas de clase, batería sanitaria para niños, restaurante escolar, salón de sistemas, biblioteca, cuarto de herramientas y un lote de terreno, cultivado con café. El proceso educativo está orientado por los Dinamizadores Floresmiro Pachongo Vía y Leidy Yaneth Pachongo Chillo.
AUTOR, Elías Perdomo Q.E.P.D
La vereda El Carmen del Salado, se ubicada hacia la zona sur oriente de la cabecera municipal del municipio de Páez (Cauca), distante en promedio a quince minutos y a un kilómetro y medio de distancia, en vía departamental carreteable. Limita geográficamente: al oriente, con las veredas: San Antonio y Potrero del Barro; al sur, con la vereda la Palma (Territorio Ancestral Kwetahd Çxhab); al occidente, con la vereda El Salado y al norte, con la vereda Potrero del Barro.
Esta comunidad, anteriormente se conocía como las fincas, sin embargo, con el pasar de los años, el capitán Ismael Collo, la llamaría el “Carmen”, pues el no paso por alto, la devoción de algunos comuneros por la virgen del Carmen; completando con la terminación “del Salado”, por encontrarse cerca del punto donde se extraía la sal en este cañón.
La principal actividad económica de la vereda corresponde al sector agropecuario, fortaleciendo la calidad de vida de sus habitantes, entre los principales cultivos se cuentan con: café, caña, plátano, maíz, guayaba, piña, aguacate, papaya, frijol, yuca, hortalizas, guama, pastos y cítricos; en la parte pecuaria se producen especies menores como gallinas, pollos de engorde, bimbos (piscos), patos, gallos finos, cuyes, conejos, cerdos y ganado doble propósito, coca, alverja, habichuela,
arracacha, ovejos, vacas, pitaya, naranja.
La vereda el Canelo, hace parte del Territorio Ancestral de Nega Çxhab, se encuentra ubicada al sur oriente de la cabecera municipal del municipio de Paez, Cauca. Aproximadamente a unos 32 Kilometros de distancia. Se accede por carretera destapada, aunque en los periodos de invierno, la comunidad suele quedar incomunicada por los aludes o desprendimientos de tierra. Cuenta con una topografía montañosa donde hay gran número de arroyos. Sus suelos son fértiles y son aprovechados para la produccion de diversos productos.
En sus inicios esta vereda se llamó la “Estrella” y con el pasar de los años cambiaron su nombre al “Canelo” posiblemente, porque a las orillas del la quebrada que coincidencialmente, tambien se llama el canelo en ese tiempo, existian arboles de Canela.
Geográficamente, la vereda limita por el oriente, con la vereda de Risaralda y Araujo, por el sur con la quebrada de Barbacoas y la vereda el Ramo, por el occidente con laguna del Caspe y por el norte con las veredas: la Hondura y el Paraíso.
Los habitantes de esta vereda en el año 1955, durante, la epoca de la violencia bipartidista, fueron desalojados de sus terrenos, reubicandose en diferentes sectores de los departamentos del Cauca y Huila. Sin embargo, despues de tres largos años, regresan para recuperar sus predios y organizar la comunidad.
Nuevamente, en el año 1962 los comuneros se desplazan hasta el Territorio Ancestral de Sxita Ukwe (Ricaurte), Salvaguardando sus vidas, que en ese momento se encontraban en peligro por el conflicto armado entre el Ejército y las Autodefensas Campesinas de Tirofijo, establecidas en Marquetalia y Riochiquito. Luego, de seis años y de pedir permiso al comandante del ejército en el sitio denominado Quicuyales, hoy Yarumal, retornan nuevamente a sus tierras y en 1968 se da comienzo formal a la constitución de la vereda, superando las ideas detractoras de algunos comuneros como Apolinar López, quien quería reubicarlos en la vereda Araujo.
La vereda de la Hondura hace parte del Territorio Ancestral de Nega Çxhab, se encuentra ubicada al sur oriente de la cabecera municipal del municipio de Páez.
Sus límites geográficos son los siguientes: al oriente, con el corregimiento de Río Chiquito; al sur, con la vereda el Canelo, la quebrada el Ramal y la laguna del Caspe; al occidente, con las veredas: el Carmen y San Antonio y el cerro de las tres Tulpas y al norte, con la vereda el cuarto y la quebrada pate gallina (sector el boquerón).
Entre sus primeros habitantes se encontraban las familias de: Gerónimo Poche, Tomas Valencia, Corpus Tumbo, Aníbal Valencia, Félix Lemus, Margarita Valencia, esto, aproximadamente en el año 1970. Quienes se dedicaron, específicamente a la agricultura, desafiando la topografía de un terreno montañoso, con pendientes pronunciadas y valles estrechos y temperaturas que oscilan entre los 8 a 12°C.
La vereda inicialmente, se llamaba “Barbacoas” esto alusivo, al río barbacoas que recorre parte de este territorio. Sin embargo, en el año 1986 cuando se legalizó la junta de acción comunal, el párroco Milcíades Rosas Daza, cambio el nombre de la vereda por “La Hondura”. Quizá, le dio este nombre porque, los niños debían desplazarse hasta la parte baja, profunda y distante a las fincas, para recibir las clases en la primera escuela que se construyó allí. Este mismo año, llegaron otras familias: Pontón, Perucho, Alvira, Aquite, Gugu, Ándela, Yandi, Yajimbo y Vargas.
El primer presidente de la junta de acción comunal, fue el señor Evelio Antonio Valencia Vargas, quien asumió con gran responsabilidad este cargo y gestionando en la alcaldía para organizar la primera escuela, para atender a los estudiantes que se desplazaban hacia el Canelo, Así que, en 1987 lograron contratar una docente, la señora: Elva Ándela Dizu, las primeras clase se brindaron en la casa del señor Tomas Valencia, dos años después construyeron dos aulas y demás servicios a orillas del río barbacoas, después de seis años aproximadamente, se reubicaron, por prevención frente a una posible creciente del río. En 1992 el material para la construcción de la nueva infraestructura llego por helicóptero hasta el sitio denominado el Oso. Luego, la comunidad mediante de las mingas comunitarias lograron bajar el material hasta el sitio indicado. En el año 2003, nuevamente se reubica la escuela a la parte alta de la Hondura, donde se encuentra en la actualidad.
La principal fuente de ingresos de la comunidad es la agricultura, principalmente se cultivan: café, yuca, plátano, frijol, arracacha, entre otros. Entre los años 1996 a1997 es decir después de la avalancha, se abrió la vía carreteable hasta la Hondura, esto permitió el desarrollo de la comunidad y sacar los productos agrícolas a la cabecera municipal de Páez. El siete de febrero de 2006, colocaron la energía eléctrica a eso de las siete de la noche, aquel día toda la comunidad estaba a la expectativa por aquel suceso tan importante. El 12 de agosto de 2022, le hacen entrega de la placa huella para la recreación de la comunidad, esto por la gestión y apoyo del alcalde Duván Harvey Velasco.
Con relación al nombre de la vereda, se teje la siguiente historia: Caminando la trayectoria de la quebrada que nace en la parte alta del cañón del Barbacoas y que atraviesa la vereda, los comuneros observaron que esta gira en forma de espiral entre las montañas, hasta llegar a la parte baja se encajonandose, como si se tratara de las paredes de un cuarto donde unicamente se puede visualizar el firmamento. Gracias, a este accidente geográfico; llamaron tanto a la vereda como a la quebrada el Cuarto.
La vereda el Cuarto, limita geográficamente: al oriente, con el área de saneamiento territorial; al sur, con la vereda la Hondura; al occidente con la vereda San Antonio y al norte, con la vereda Calderitas.
Actualmente, esta vereda la habitan permanentemente: Luis Enrique Campo, Floresmiro Cucha y la familia Gutierrez Collo; todos ellos, se dedican al cultivo de pastos para la crianza de ganado bovino. No obstante, hay predios adjudicados a otros comuneros, pero no permanecen habitualmente ahí, solamente los emplean como trabajaderos.
Años atrás, Algunos programas del gobierno nacional en articulación con entidades gubernamentales y relacionados con la producción agropecuaria, llegaron a la comunidad, impulsando el cultivo del lulo, tomate de árbol y papa. Pero, factores entre ellos: la distancia y la introducción de semillas de lulo mejoradas que acarreaban problemas como el empleo de pesticidas; no facilitaron la prosperidad de estas iniciativas. Así que, el fuerte economico de esta zona se relaciona unicamente a la ganaderia.
Respecto, a un poco de historia de esta comunidad, cuentan los 1mayores que durante la época de la violencia de los años cincuenta, muchos de los comuneros que habitaban todo el canon del rio Barbacoas, tuvieron que escapar sin rumbo fijo para poder salvaguardar la vida de sus familias, algunos fueron a parar a Itaibe, otros a Riociquito, otros tantos llegaron hasta departamentos vecinos. Apaciguado el conflicto fueron pocos los que retornaron hasta el Cuarto. Otro suceso histórico que marco a esta comunidad, fue el ocurrido el 3 de noviembre del año 2011, cuando el ejercito nacional realizó la toma al jefe de las FARC: Alfonso Cano. Combates, que afectaron los recursos florestales, hídricas y a las especies de animales nativos, así como también la producción agrícola y ganadera. Sin embargo, la naturaleza misma se ha repuesto y hoy en día, la vereda el Cuarto, es una de las zonas mas ricas dentro del territorio ancestral de Nega Çxhab; en fuertes hídricas pues cada zanjón tiene su nacimiento, posiblemente a la existencia de la abundante vegetación y selva virgen, que aun no ha sido deforestada.
Jose María Ceballos Yondapiz
Hasta el año de 1929, las tierras no tenían dueño, eran tierras baldías. Pero, en el año 1930 se hace la escritura de dichas tierras, solicitándolas al INCODER en Popayán, con el fin de obtener dueños legítimos y así poder empezar a trabajar o vender en caso que se quisiera.
En dichas escrituras se inscribieron los señores quedando como dueños: Jesús Palomino, Isaías Ipia, Leónidas Valencia, Moisés Pardo, Apolinar Ramos, Saulo Achipiz y la señora Mercedes Pardo. Pero, el señor Jesús Palomino solo las había adquirido para explotar el oro que, allí existía, encontrando una cacica, una copa y ollitas en forma de calderitas, de allí proviene el nombre que se le dio al río y que posteriormente, los comuneros llamarían a la vereda.
Tiempo después, Jesús Palomino le vende las tierras de su propiedad al señor Marcos Peña, solo era montaña; él como persona trabajadora se dedicó a derribar la montaña y construyó su casita en guadua y empezó a sembrar productos como café, yuca, plátano, zapallo, arracacha, papa entre otros. Al principio, se compraban los productos en el mercado traído desde La Plata en el departamento de Huila.
El agua para cocinar era sacada de un nacimiento, que existía en la parte alta de la montaña, la cargaban en calabazas y para bañarse iban hasta el río. No existía camino para entrar, lo hacían por las a orillas, pero ellos como propietarios buscaron ayuda de ocho vitonqueños, quienes fueron, abriendo trochas en forma de caminos para poder llegar hasta sus casas.
Pasado el tiempo, sin claridad respecto a una fecha específica, se abrió la carretera, pero solo llego hasta el puente del salvajino. Sin embargo, con la pujanza y lucha de los comuneros, años más tarde, se logró que la llevaran hasta lo que hoy se conoce como la Emilia.
En el año 1971 el señor: José María Hurtado; compra las tierras cultivadas de propiedad del señor: Moisés Pardo. Así, también las tierras del señor: Isaías Ipia y de esta manera fue completando una gran extensión de tierra; con potreros aptos para la ganadería y tierras fértiles y cultivables.
Don José María Hurtado, fue un personaje muy recordado en esta comunidad, pues él, construyó el puente para poder cruzar el río, lo hizo con forma de esqueleto por debajo y por encima era plano como si fuera de tabla. Este fue uno de los puentes que había llamado su atención por la forma como lo construyó, le puso como nombre el Puente el Carmen y fue ubicado al frente de lo que hoy se conoce la finca de Alba Cuetocué y el señor Marcos Peña.
La comunidad de Calderitas; limita geográficamente: al oriente, con Santa Ana; al sur, con Agua Caliente y El Guamo; al occidente, con El río Simbola y el Territorio Ancestral de Talaga y al norte, con Pueblo Nuevo y la Aurora.
Según la historia que narran los habitantes de la comunidad no se tiene fecha exacta de cuando se empieza a ocupar estas tierras. Sin embargo, el lugar había sido utilizado por los indígenas, pues en la medida en que se fue dando el proceso de acondicionamiento por parte de los nuevos habitantes se encontraron en los sitios de trabajo muchos materiales que dieron testimonio evidente de ello; como entierros, sobre los cuales se hallaron ollas de barro, argollas y narigueras de oro, que posteriormente, fueron vendidas o en el más común de los casos cambiadas por aguardiente. Se estima que con el paso del tiempo partieron abandonando sus hogares sin saber para donde se fueron, aunque se cree que algunos se desplazaron hacia la parte norte del municipio de Páez.
Antes de 1977, las veredas del Carmen del Salado y el Potrero del Barro eran una sola, y trabajaban dentro del mismo marco jurídico; limitaba con La Palma, San Antonio, Guapió y la quebrada del Salado, pasando por el puente vehicular que se encuentra actualmente; también compartian los sitios sagrados, como el alto de la laguna en donde los nativos hacían rituales para hacer ofrendas y demostrar respeto a la madre naturaleza, a la cual llamaban “mama kiwe”. En lo alto de la montaña se encontraba la mina de sal, de la cual se extraia este mineral, el cual se cambiaba por otros productos, mediante la práctica del trueque.
En la transición de 1977 a 1978, surgió de parte del señor Nieves Otoa la idea de transportar el agua a las casas de forma rápida y segura, petición que generó una disputa entre las comunidades y que duró cuatro años hasta darse la separación; pero, al final se logró contar con el líquido a través de la colaboración de salud pública, representada en la época por los señores Juan Carlos Cotacio y Luís Eduardo Ledesma; a pesar de que muchas personas no estaban de acuerdo y entre las cuales se encontraba el señor Ismael Perdomo.
El proceso de separación de la comunidad fue liderado por la señora Sara y Don Daniel Cuetocué, como presidente de la junta de acción comunal a pesar de que no se encontraba legalizada en aquel tiempo.
La separación se hizo efectiva en 1978, lo que dio pie a que los pobladores del Potrero del Barro tomaran sus propias decisiones y gestionaran su personería jurídica; con este propósito se nombra como primera presidenta de la junta de acción comunal a la señora Domitila Ceballos. A partir de esta época el nombre de la vereda pasó a ser “Los Guaduales”, el cual duró solo entre 1981 y 1982, debido a que los mayores no permitieron el cambio definitivo argumentando que “Potrero del Barro, era un nombre antiguo, dado por los mayores y para que se iba a cambiar”, decisión que tuvieron que respetar y aceptar los más jóvenes, aunque no estuvieran de acuerdo.
Excapitan del Territorio Ancestral de Nega Çxhab
La connotación historica que posee el nombre “POTRERO” respecto a la vereda, se ha dado, a raíz de que algunos comuneros poseían en la parcialidad extensos lotes de tierra acondicionados exclusivamente como potreros para mantener el ganado y pertenecían a los señores Salvador Collo, José Pío Collo y Telésforo Collo. Complementándose, con la palabra “BARRO” por la característica de que en época de lluvias las vacas formaban verdaderos barrizales, debido a que los terrenos poseian un mecanismo de drenado deficiente.
La vereda comenzó a poblarse, cuando los trabajadores que venían a laborar a la comunidad se casaban con las hijas de los patrones formando así nuevas familias (nuevos apellidos). Antiguamente la forma de pedir la mano y en palabras de la señora Juana Andela, dice que “quien pedía a la muchacha en matrimonio era el papá del novio y llegaban a un acuerdo entre los mayores y decidían como, cuando y con quien debían casarse, pero también existían muchas reglas que debían seguir los interesados por la joven, como tener una buena finca y animales que garantizara el bienestar de la nueva familia a formarse.”
Después de algún tiempo se comenzó a construir casas con caña maíz y techo de paja, las cuales fueron destruidas por los soldados durante la época de la violencia, suceso que llegó a ser conocido comúnmente como el 28, esto aconteció en el año de 1948. A pesar del impacto, este acontecimiento sirvió para impulsar a los comuneros a utilizar nuevos materiales como teja, barro, y guadua en la construcción de casas de bahareque.
Entre las familias mas antiguas y populares de la comunidad sobresalen: Los Collo, quienes fueron líderes importantes tanto a nivel local como también regional y nacional. Dentro de los personajes destacados se encuentra José Pío Collo, distinguido por la lucha contra los afropaeces, quienes pretendieron tomar sus tierras por la fuerza, pero con su iniciativa se contrarrestó la ofensiva; don Pío Collo llegó a ser destacado coronel del ejército y Pío Collo Perdomo fue abogado titulado de importancia notable. El señor Nereo Collo también fue un destacado marinero que estuvo presente en la guerra de Corea y actualmente vive en la ciudad de Bogotá; Luís Collo fue alcalde del Municipio de Páez durante cinco periodos consecutivos; Primitivo Collo fue gobernador y capitán vitalicio del Resguardo de Belalcázar ( Fallecido). Del Potrero del Barro, han sido muchos de los gobernadores como: Emidio Collo, Aurelio Velasco, Raimundo Collo, José María Otoa, José Luís Collo, Nelson Fair Mulcué, Marco Tulio Mosquera y Jaime Collo quien fue elegido en 1998 y fue el impulsor del plan de vida en el Resguardo en donde se realizó un trabajo en conjunto con la comunidad afro Páez ubicada el cañón del Salado; su objetivo principal era el de formar un equipo de trabajo compuesto no solo por el cabildo, sino también por representantes de la comunidad negra con quienes pretendió la unificación de pensamientos y el desarrollo de un trabajo mancomunado para la consolidación de la autoridad desde diversos aspectos como salud, educación, justicia propia y autonomía; con este trabajo se lograron obtener muchos beneficios con los cuales hoy día cuenta el cabildo.
El nombre de la vereda El Carmen del Salado, hace referencia a la mina de sal que existía en la comunidad, según la historia el nombre hace alusión a este lugar donde los antepasados extraían la sal desde un pozo, la cual mediante un proceso artesanal, sacaban los terrones de sal y era comercializada en los municipios aledaños del municipio de Páez, de igual manera realizaban el trueque en otros lugares de nuestro municipio, mediante el intercambio de productos por sal, de esta manera se manejaba la economía en esos tiempos. En la actualidad, esta mina de sal se encuentra tapada, después de garantizar una gran fuente de ingresos, para algunas familias de la ciudad de Popayán durante varios años.
Políticamente, La vereda está conformada por tres sectores, distribuidos de la siguiente manera; El Llanito del Salado, Mesa de Palo Blanco y el Sector El Salado. Se aclara, que los sectores nombrados anteriormente pertenecen a una sola comunidad, que es la vereda el Salado.
También, es relevante mencionar, por qué surgen los nombres de los sectores; El primero, El Llanito del Salado; es un nombre que tiene relación al Llano, según lo contado por los mayores entrevistados (Claudia Petins, Luis Hernando Valencia, Dolores Arroyo, José Elías Valencia Carabali y Reinel Valencia) habitantes de esta comunidad, quienes relatan que el nombre, surge en conversaciones de cómo se podría llamar el caserío, en medio de ello proponen que se llame el Llanito porque es un lugar plano y que algún día sería más poblado por los comuneros de la vereda y de apoco este nombre fue tomando fuerza entre propios y extraños, entre otras veredas aledañas y entre todos los habitantes del municipio. El segundo, La Mesa de Palo Blanco, es uno de los últimos sectores que se han formado, con algunos comuneros que viven en otros sectores, pero tienen su parcela en este allí, su nombre se debe a la gran cantidad de arboles de palo blanco que se extienden a lo largo del lugar y por último, el sector del Salado, deriva su nombre, como se ha explicado anteriormente, de la mina de sal que existió en ese punto.
En busca de poder organizar la comunidad del salado, se creó en el año 1960, la junta de acción asumiendo como presidenta la señora Lida Ossa, fue la primera presidenta fue elegida en la comunidad de san Antonio, en ese tiempo, se escogía una sola junta por el cañón del salado. Con el pasar de los años, la junta que habían organizado, no era funcional, y sus líderes que no laboraban como querían, entonces, decidieron separase de ella y formar una junta solo como Salado, al igual los líderes en su mayoría eran de la vereda El Salado y dejaron un lugar específico en el Salado y era la casa paterna de don victoriano Ossa, era el lugar donde se reunían para las reuniones de la vereda y programar actividades en beneficio de la comunidad.
A través del tiempo fueron llegando proyectos a la comunidad entre ellas la carretera la cual paso por la comunidad en el año 1928 la cual era el tiempo de la violencia una época muy marcada por las personas de aquellos y tiempos, los que la vivieron narran historias muy conmovedoras. (Narración Victoriano Ossa).
Pasando el tiempo también llega la energía eléctrica que era propia del municipio de Páez (según la historia de los mayores es lo único que se acuerdan el año no lo saben la memoria es escasa), esta era muy regular a veces funcionaba y días no, pero al menos contaban con ese servicio solo los de la parte baja del sector.
Dentro de la historia también se relata la creación de la casa comunal del Salado que aun desde la fecha está en malas condiciones, pero aún se tiene, esta fue elaborada en el año 1979 y 1980, el maestro quien la hizo fue el señor Eulogio Valencia el hijo y su ayudante Raúl Valencia, en aquellos tiempos el presidente a cargo de la comunidad era Feliz Lemus quien con su liderazgo y lucha trabajo y gestión para la poder contar con este espacio tan beneficioso para la comunidad.
Esta información es recopilada gracias al presidente de la comunidad Didier Noe Vargas Cuetochambo junto a su directiva de la JAC. En vista que no tenían un repositorio de información de la comunidad, es de destacar que algunas de las personas entrevistadas están vivas y otras están en otro espacio.
En el año 1930, se asentaron en este sector las familias: PISTALA, MUÑOZ y TUMBO, encontrándose con terrenos baldíos, pero, apropiados para la agricultura, específicamente para la caficultura y siembra de productos de pan coger como: yuca, plátano, frijol y maíz; tiempo después, llegaron los comuneros: Florentino Muñoz, Nicolasa Vargas, Santos Muñoz Mera y las familias Oteca y Velasco.
Limita geográficamente: al oriente, con las veredas: El Potrero del Barro y El Salado; al sur, con la cabecera municipal (Belalcázar) y la vereda el Salado; al occidente, con la cabecera municipal y la vereda de Guapió y al norte, con la vereda de Guapió.
En los primeros años de la comunidad: las condiciones de vida para sus habitantes fueron muy difíciles; los caminos eran de herradura e inhóspitos, tampoco se contaba con los servicios públicos básicos. El agua para el consumo humano se recogía de un zanjón y se distribuía a través de una acequia y, donde no llegaba el agua, la tenían que cargar en calabazas desde la quebrada el salado.
Así que, la comunera Gloria López en compañía del señor Francisco Quintero, gestionaron los proyectos de energía y acueducto para la comunidad, durante la alcaldía del señor: URBANO QUEVEDO. Este último proyecto, se materializó en el año 1970 gracias al apoyo de los señores: Chepe y Adriano Castañeda, quienes tenían predios en la laguna, en la parte alta de la mesa.
Como consecuencia de los fenómenos naturales ocurridos el 6 de julio de 1994 y el 20 de noviembre de 2008 en el municipio de Páez, esta vereda se empezó a poblar. Puesto que, fue un sitio de repliegue que utilizaron tanto: la alcaldía y los organismos de socorro, para albergar a los habitantes, aquí se construyeron cambuches que sirvieron para salvaguardar a la población.
Años después, en un esfuerzo mancomunado entre el Cabildo de Belalcázar y la Corporación Nasa Kiwe, les compraron la finca cafetera a los mayores: Lilia Muñoz y su esposo Arnulfo Muse; en procura de dos propósitos, primero reubicar a las personas afectadas por la ultima avalancha y segundo, cumplir el sueño de los mayores de ver poblada la vereda. Hoy en día, es un centro poblado que se fundó en el 2015 habitado por comuneros de las veredas de Guapió, el Rodeo, el Salado y la cabecera municipal.
El nombre de la vereda de Chanyo se denota de la siguiente connotación histórica. Los nasas que habitaron esta zona, observaron que de la quebrada (Yu´) bajaban unos pequeños peces y, de su piel brotaban unas ampollas y escamas erizadas que formaban una especie de sarna, así, que imaginaron que se trataba de la enfermedad conocida como chande (Çxadx). Como este fenómeno ocurrió en quebrada, la llamaron: Çxadx Yu´. Sin embargo, con el pasar de los años, tanto propios como extraños, por falta de conocimiento del Nasa Yuwe, fueron alterando el nombre hasta llegar a la palabra Chanyo, como se conoce hoy en día, no solo a esta afluente hídrica, sino también esta comunidad.
Limita geográficamente: al oriente, con la vereda la Unión del Salado; al sur, con el sector del Boquerón de la vereda la Palma; al occidente, con la vereda de Gualcán y al norte, con la cabecera municipal(Belalcázar).
La vereda de Chanyo se ubica en un terreno escarpado que combina la belleza natural de la pendiente de montaña, rica en variedad de especies de fauna y flora. La fertilidad de sus suelos y su riqueza hídrica, lo hacen un lugar ideal para la caficultura y el cultivo de productos de pan coger como: yuca, frijol, maíz, frutas y verduras. Sin embargo, la ampliación de la frontera agrícola debido al crecimiento poblacional ha generado desarmonías territoriales como la erosión de los suelos e inconvenientes con los comuneros del Barrio el Jardín, quienes consumen el agua que brota de estas microcuencas.
Los primeros habitantes de esta comunidad fueron las familias de Zenón Muñoz y Manuel Muñoz, después de algún tiempo, empiezan a habitarla los señores: Eliecer Tocoche, Juan Bautista Muñoz, María Santos Pinzón, Rogelio Pinzón y Actualmente, Mario Moras, los Quiguanás y la descendencia de la familia Muñoz.
Esta comunidad tiene un sector en la parte baja de la montaña, conocido como Calera, allí, se ubicaban los hornos para cocinar la cal, que se empleaba para blanquear las casas de bareque, que se estaban construyendo en el casco urbano (Belalcázar), el encargado de llevar a cabo esta empresa fue el padre misionero: David Gonzales, quien también se encargó, se sacar la cal a lomo de bestia. Aún existen vestigios de los hornos que utilizaban la madera vegetal, específicamente los árboles de roble, que en esa época fueron abundantes en Chanyo.
Eliecer Tocoche: Comunero del Territorio Ancestral de Kwetahd Çxhab
