JOSE LICIMACO VELASCO ARROYO

Medico Tradicional


El primero de ellos fue la avalancha del 1994, en ese tiempo, vivía con su primera esposa y sus hijas en la vereda El Salado, inicialmente sintieron el fuerte temblar de la tierra y pensó que solo era eso, pero al desplazarse hacia la parte alta en busca de resguardo, pudo observar, como un enorme río arrastraba con las personas, las casas, los animales, la vegetación y los carros, recuerda con nostalgia, que llego mucha comida para los damnificados, la cual transportaban en helicóptero, pero tristemente, gran parte de esa ayuda la votaron o desperdiciaron, dejando con hambre a muchos comuneros. El segundo momento fue, respecto a la violencia, recordó un día que bajo al pueblo y la guerrilla se lo había tomado; habían destruido la Caja Agraria y estaba la plata votada “puras monedas”. uno de ellos le dijo, recoja plata, don Licimaco intentó agacharse a recogerla, pero le gano el susto, entonces siguió para el parque, al llegar ahí, estaban los demás guerrilleros pata arriba leyendo revistas o libros, y miraban fijamente a los pasaban por el lugar.

En cuanto, a su caminar espiritual, el mayor José Licimaco recibió el don como médico tradicional desde que era un niño, aproximadamente a los doce años, potenciando esta habilidad ya en joven. Sin embargo, solo practicaba, tratando a sus familiares más cercanos, hasta que un día, decidió ponerse al servicio de las personas dentro y fuera de su comunidad. El comenta; Según marcan las señas, cuando no es de plantas, envía el enfermo al hospital, pero, sino les dice nada, es un mal postizo (Brujería) o natural que se podría trabajar con la medicina tradicional. Ha tratado comuneros que les pega el duende o el arco. “Existen diferentes formas de arco, pues, guasquea y muerde, cuando guasquea salen ronchas o ulceraciones en la piel y arde, mientras que, si muerde aparecen granos en la piel, de los cuales brota agua del cuerpo y se siente mucho dolor”. Cuando los comuneros lo visitan para hacerle una consulta, deben llevar dos tabacos, un cuarto de aguardiente, una parte de plantas; especialmente la coca, con esos insumos les dice que tienen.

Para terminar, El Sabedor Espiritual: José Licimaco no está de acuerdo, con aquellos que usan la medicina tradicional, para hacerle daño a los comuneros, pues, las plantas han sido un regalo del Dios Supremo, la naturaleza y de los espíritus mayores; para cuidar del hombre.